Nota
publicada en ETC Magazine online y ETC Magazine Periódico (publicación
mensual cuya zona de distribución abarca las localidades de San
Isidro y Vicente López, Provincia de Bs. As., Argentina. ) ,
Julio 2006
“El
Arte te convierte, tiene algo de religión, es pura pasión”
Diego
Manuel habla sobre cómo ser artista argentino y vivir en el intento.
Diego
Manuel, platense, de 36 años, es un artista íntegro; con
todas las letras. Es egresado de la Facultad de Bellas Artes Universidad
Nacional de La Plata –UNLP- y del Taller de Aurelio Macchi de
Capital Federal, donde terminó de perfilar su vocación
y estilo propio.
En
la actualidad, sus obras se encuentran en diversas colecciones particulares
en Sudamérica, Europa, Estados Unidos, y Hong Kong. En esta nota,
cuenta sobre su arte y el modo en que un artista se las ingenia para
vivir de su vocación en nuestro país, en los tiempos que
corren.
-¿Cuándo
comenzaste a pintar?
No
tengo memoria de un día. Mi madre me enseñaba a dibujar
animales desde muy chico: a los 3 ó 4 años, quizás
antes. Recuerdo muy lejanamente dibujar animalitos; ella me agarraba
la manito para dibujarlas.
-¿Tuviste
maestros en esto ó especies de mecenas que te hayan apoyado especialmente?
Entre
mis maestros puedo nombrar a dos de Escultura: Aurelio Macchi y Rubén
Elósegui, uno había sido discípulo del otro. Cuando
falleció Rubén tuve la inquietud de completar lo que me
inculcaba con su maestro Aurelio. Lo de estudiar Escultura fue un poco
de casualidad. Me acuerdo que estaba en el secundario de Bellas Artes
de la UNLP y Elósegui iba a visitar a veces a las profesoras
de grabado. Le caí bien; quizás le habían contado
que tenía potencial. Luego, en la Facultad, él me insistió
para que siguiera en su cátedra -era jefe de cátedra de
Escultura-. Teníamos muy buena onda. En el año y medio
que lo conocí, nos hicimos un poco amigos. Le planteaba en su
cátedra un ambiente que más se parecía a un grupo
de arte; nos trataba como a iguales, como a colegas, nos daba confianza,
había una mística. El Arte es algo que te marca, no existe
otra cosa en el mundo. Te convierte, tiene algo de religión,
es pura pasión.
-¿Cuándo
pasaste, de ser un pintor "por amor al arte" a poder ponerle
precio a una obra y definitivamente vivir de eso?
Fue
paulatino. Hace 7 años que vendo mis pinturas: primero por el
medio de Internet a través de mi sitio web www.diegomanuel.com.ar,
y en los últimos años, por medio de galerías también.
En Estados Unidos me representan una galería en California y
otra en New York. Todos mis compradores son de EE.UU. y Europa, pero
últimamente se acercan compradores del medio local, lo que me
da mucha ilusión.
-¿Cuán
fácil o difícil es vivir del arte en Argentina? ¿Cómo
influyó económicamente la salida del uno a uno, el aparente
auge del arte en nuestro país y la posibilidad de mostrar y vender
tu arte al resto del mundo, también por Internet?
El
cambio de la moneda ayudó mucho, igualmente vender arte es azaroso.
En mi caso no me puedo quejar: tengo el privilegio de vivir de mi profesión.
-Tus
temas son variadísimos. A la hora de pintar, ¿Siempre
lo hacés en tu taller ó sos de los que se trasladan y
salen a buscar sus musas?
Pinto
en el taller pero siempre voy con una libretita haciendo apuntes. La
creatividad es un misterio, trato de divertir al niño que tengo
dentro. Quizás eso sea lo importante: no olvidar a nuestro niño
interior y como niños, tratar de ser esponjas de conocimiento.
Ser artista además tiene una gran cuota de ingenuidad, de falta
de autocrítica a la hora de hacer, nada de escepticismo y de
creérsela un poco, aunque sea por unos minutos.
Aclaro
que cuando digo “artista” hablo de la profesión no
de la palabra “artista” a la qu e algunos le dan una condición
de inalcanzable y de consagratorio; hablo de ser artista más
que todo en una forma primaria. Hablo de poseer un oficio, entonces
puedo decir “soy artista”. De la otra forma nadie lo podría
decir porque los que unánimemente lo son, están todos
muertos. Tengo una pintura que describe esto; es una isla con pequeños
retratos de grandes creadores de todos los tiempos: artistas con cabeza
humana y cuerpos de pájaros resucitaron como pajaritos; Mozart,
Beethoven, Goya, El greco, Hendrix, entre otros, todos en un árbol,
entonces ahora pueden cantar a los cuatro vientos “¡somos
artistas!”.
-¿Es
sencillo mostrar tus obras y lograr su venta? Es decir, ¿Cómo
pintor tenés que estar continuamente haciendo exposiciones o
dándote a conocer vía Internet lo lográs sin esfuerzos?
Lo
principal es la obra. Si la obra interesa es todo más fácil.
En mi caso, tengo mi propia galería en Internet que tiene mucho
tráfico y he logrado clientes directos, además de las
ventas por galerías. Es un trabajo aparte el de promocionar y
vender las pinturas, pero el secreto verdadero está en ellas
mismas, porque la palabra final la tiene el público.
-Tengo
entendido que también das clases. ¿Cómo hacés
como maestro para enseñar a tus alumnos a que descubran su propio
estilo sin copiar a otros? ¿Se comienza copiando estilos y luego
buscando los propios?
Les
trato de enseñar los fundamentos, ejercicios clásicos
y académicos; mis caprichos los dejo para mis obras. Lo peor
que puede pasar en un taller es que todos se parezcan al maestro. Pienso
que básicamente la enseñanza es siempre la misma: el arte
no evoluciona, el mundo cambia y como nos nutrimos de ello es natural
que el arte parezca cambiar, pero el cambio es aparente, hablamos de
las mismas cosas hace siglos, las mismas preguntas sin respuesta. En
resumen, lo que hay que enseñarles a los alumnos es a abrir los
ojos a lo que nos rodea.
Por
Laura Zavoyovski
publicación en papel: 
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